La incorporación de la mujer al mundo laboral, junto con el cada vez más frecuente alejamiento entre los miembros de las familias (no disponibilidad de familiares que hagan de cuidadores), han traído como consecuencia un importante aumento en el número de niños que acuden a guardería durante los primeros años de vida.

Además de los posibles beneficios de esta nueva situación, hay una consecuencia fundamental desde el punto de vista de la salud, que es la exposición más temprana e intensa a los agentes infecciosos y que, casi inevitablemente, se traduce en repetidos episodios de resfriados, gastroenteritis, infecciones de la piel, conjuntivitis, entre otros, muchos de ellos con fiebre.

Estas infecciones, sobre todo las causadas por virus, se producen por la simple exposición a otros niños o adultos enfermos, de manera que, cuantos más haya juntos, mayor será la posibilidad de que alguno tenga una infección y más fácil será su contagio a los otros. La prevención suele ser difícil pues gran parte de ellas ya se están transmitiendo a los demás antes de producir los primeros síntomas y por tanto de ser identificadas.

Llevar a un hijo a la guardería también suele significar mayor número de infecciones para sus padres y los propios cuidadores que trabajan en la guardería, pues se convierten en otra pieza vulnerable más en la cadena de transmisión de las enfermedades de su hijo. De ahí que se insista en el lavado de manos frecuente y especialmente en dos situaciones que son: antes de preparar los alimentos del niño y después de cambiarle los pañales.

Transmisión de las infecciones en la guardería.

Las vías de transmisión son 3 fundamentalmente:

  • La fecal-oral, cuando el microbio se elimina por las heces y lo ingerimos, como es el caso de las gastroenteritis víricas y bacterianas, y los parásitos intestinales.
  • La respiratoria, cuando por tos o estornudos se disemina el microorganismo y lo respiramos o por contacto con saliva o mocos del enfermo, como pasa en resfriados, la gripe y en la mayor parte de las infecciones clásicas de la infancia.
  • La de contacto con la piel u objetos que hacen de intermediarios en la transmisión de infecciones de la piel, infestación por piojos, etc.

Prevención:

Se basa en tres pilares fundamentales:

  • Vacunación correcta de los niños y los adultos cuidadores.
  • Evitar la transmisión: el lavado de manos es el factor más importante en la reducción de la transmisión de enfermedades en las escuelas infantiles, contar con instalaciones adecuadas y rutinas o procedimientos claros sobre cómo y dónde se cambia a los niños e igualmente en relación a la preparación de sus alimentos. Lavado de los juguetes de uso común y de los paños de cocina y toallas a diario. En ciertos casos deberán excluirse temporalmente (o separarse a otra habitación, según los casos) a los niños y adultos enfermos cuando esté probado que este tipo de medida reduzca la aparición de casos secundarios.
  • Vigilancia y declaración inmediata de las enfermedades transmisibles susceptibles de aplicación de medidas preventivas (antibióticos, vacunas, etc.) a los contactos y también de cualquier otra que las autoridades sanitarias estimen conveniente para evitar casos secundarios.

Vacunación.

El cumplimiento del calendario vacunal oficial vigente garantiza una protección adecuada contra las enfermedades incluidas, no siendo necesario administrar dosis de refuerzo suplementarias por el hecho de acudir a guardería. No obstante, la Asociación Española de Pediatría recomienda incluir para todos los niños y con más razón para los que van a guardería, la vacunación frente al rotavirus y también la del meningococo B. Está por determinar la necesidad de la vacunación frente a la gripe estacional, pero sí resulta muy conveniente para los niños incluidos en los grupos de riesgo de complicaciones de esta enfermedad.

En los adultos cuidadores, es recomendable que se vacunen anualmente contra la gripe y, en el caso de no estar inmunizados de forma natural contra la hepatitis A, considerar recibir esta vacuna.

La vacunación de los cuidadores frente a la tosferina, con la vacuna combinada Tdpa en dosis única, es otra opción para evitar el contagio a los más pequeños, en los que puede ser una enfermedad muy grave.

Asistencia a guardería en caso de enfermedad.

No debe llevarse al niño a la guardería en las siguientes circunstancias:

  1. Cuando lo aconseje el sentido común
  2. En los casos en que el niño precise un tipo de cuidados que no puedan ofrecerse en la guardería o quede incapacitado para participar aceptablemente en las actividades normales del centro
  3. Si tiene síntomas de afectación de su estado general, como fiebre, dificultad respiratoria, irritabilidad, etc. o bien síntomas poco definidos y potencialmente peligrosos, como por ejemplo, vómitos sin una causa que lo explique.
  4. Cuando tenga alguna enfermedad infectocontagiosa, durante el período que así lo establezca el pediatra.

 

Dra. Carmen Mª. Martínez A.