Una convulsión es una situación brusca en la que el niño comienza a hacer movimientos anormales, no responde a estímulos y generalmente pierde la conciencia. Se produce por la aparición de una actividad eléctrica anormal en el cerebro. No es una enfermedad crónica, como la epilepsia, sino una situación provisional durante una edad determinada que luego desaparece.

Una convulsión febril es una respuesta del cerebro ante la fiebre que aparece en un niño sano de entre 6 meses y 5 años de edad. Ocurren normalmente en los 2 primeros días de fiebre.

Según sus características clínicas, las convulsiones febriles se clasifican en simples, que suponen aproximadamente el 70% del total, y complejas. Las complejas se diagnostican cuando las crisis son de una duración superior a los 15 minutos, la fiebre es baja en el momento de la crisis, existen anomalías neurológicas previas y la primera crisis sucede con una edad inferior a los 12 meses de vida.

Cuando ocurre una convulsión febril, el niño se pone rígido, presenta movimientos de sacudidas o se queda sin fuerza y flácido. Pueden poner también la cara rígida, realizar movimientos con los ojos o permanecer con la mirada perdida. Suelen durar aproximadamente 5 minutos, aunque a veces se pueden prolongar hasta 10-15 minutos.

Durante el episodio pueden perder el control de esfínter vesical y “hacerse pis”. Después, poco a poco recuperan su estado previo y habitualmente el niño se queda muy somnoliento.

¿SON FRECUENTES?

Son bastante frecuentes, casi 5 de cada 100 niños las tienen. Además, algunos niños presentan más riesgo de que les vuelvan a suceder. Sobre todo si las han empezado a tener con < 15 meses de edad, con < 12 horas de fiebre, con temperatura no muy alta o si tienen familiares que las hayan padecido también.

La fiebre suele estar provocada por infecciones, de modo que cualquier infección trivial (catarro, gastroenteritis, faringoamigdalitis) con fiebre puede provocar una convulsión febril.

¿QUÉ PUEDO HACER?

Es difícil, pero lo más importante es intentar mantener la calma.

  • Colocar al niño en un sitio seguro, tumbado de lado, con algo blandito debajo de la cabeza (como una almohada o una toalla), alejando los objetos con los que pueda golpearse.
  • Es importante no sujetar al niño intentando impedir el ataque y NO introducir nada en la boca.
  • Esperar a que ceda espontáneamente. Si es posible, controlar el tiempo que dura la convulsión.
  • En caso de que no sea la primera vez que le pasa, si no ha cedido en 3 minutos y su médico le ha recetado una medicación, adminístrela. Si la convulsión continúa, llame al 112.
  • Debe ir al médico si es la primera vez que le ocurre, la crisis ha sido muy larga, el niño tiene dolor de cabeza, vómitos, ha sufrido un golpe en la cabeza, no se ha recuperado adecuadamente o está adormilado, decaído o irritable.
  • No debemos darle nada de comer o beber hasta que esté consciente, tampoco antitérmicos (medicinas para la fiebre) por boca.
  • Las convulsiones febriles se tratan solo si son muy largas, cortándolas con una

medicación que se receta en urgencias o por su pediatra. Son muy pocos los casos en los que es necesario poner un fármaco antiepiléptico continuado

PRONÓSTICO

Las convulsiones febriles tienen buen pronóstico, después de padecerla el niño tendrá el mismo estado de salud que antes. En la mayoría de las ocasiones no se precisa hacerle ningún estudio especial.

No necesitan un tratamiento para la fiebre diferente del que se administra al resto de niños.

RIESGO DE PADECER EPILEPSIA

Los niños con convulsiones febriles simples únicamente tienen un riesgo ligeramente mayor de desarrollar una epilepsia que la población general. Sin embargo, este riesgo es mayor si el niño presenta múltiples crisis febriles, si existen antecedentes familiares de epilepsia, las crisis febriles son de una duración superior a los 15 minutos, la fiebre era baja en el momento de la crisis, existen anomalías neurológicas previas y la primera crisis sucedió con una edad inferior a los 12 meses de vida.

Dra. Carmen Mª Martínez